Portugal ganó la Guerra contra las Drogas dándola por perdida

Portugal ganó la Guerra contra las Drogas dándola por perdida

La Guerra contra las Drogas, tal como se plantea en la mayor parte de los países se está demostrando un error, no desciende el consumo y las mafias se hacen de oro traficando con las drogas. Por el camino se quedan miles de pequeños y grandes traficantes que llenan las cárceles y cientos de jóvenes que mueren a causa de un producto extremadamente tóxico.

La solución que implementó Portugal hace varias décadas pasa por considerar a los drogadictos y a los pequeños traficantes como enfermos, en vez de como delincuentes y

Portugal ganó la Guerra contra las Drogas dándola por perdida

Abigail R. Hally & Kaila Preston 07 – Marzo – 2017

Durante más de 100 años los Estados Unidos han buscado la prohibición de restringir el uso de drogas. Los defensores argumentan que al hacer que sustancias como la marihuana, la cocaína y la heroína sean ilegales, el gobierno puede reducir significativamente la delincuencia relacionada con las drogas, prevenir la adicción y detener la propagación de enfermedades relacionadas con las drogas.

Los resultados han sido de todo menos impresionantes. De hecho, Michael Botticelli, director de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas, dijo que la Guerra contra las Drogas ha consistido en “políticas fallidas y prácticas fallidas”.

Entre las políticas alternativas propuestas para lograr mejorar los objetivos deseados están la despenalización de las drogas con menores penas y sanciones por delitos de drogas y la legalización absoluta de todas las drogas.

Sí, todos ellos.

La legalización del conejillo de Indias

Estas opciones pueden parecer contraproducentes, pero los datos cuentan una historia diferente. En 2001 Portugal sorprendió al mundo y votó la despenalización de todas las drogas en respuesta al creciente problema con la heroína que tenían.

Cosas como el tráfico de drogas siguen siendo ilegales, pero a los usuarios de drogas se les considera más como enfermos que como criminales. En lugar de arresto inmediato y encarcelamiento, las personas en posesión de menos de 10 días de suministro de drogas duras, son llevadas ante un tribunal especial con expertos legales, psicólogos y trabajadores sociales. El objetivo es una solución centrada en mejorar la salud, tan perjudicada por el consumo de drogas, con una pequeña multa ocasional o servicio comunitario.

Quince años después, los abundantes datos cuentan una historia radicalmente diferente de lo que muchos predijeron. El consumo de drogas entre los jóvenes de 15 a 24 años ha caido en picado y las muertes por drogas disminuyeron de 80 en 2001 a 16 en 2012. Antes de 2001, Portugal encarceló a alrededor de 100.000 drogadictos. En los primeros 10 años de la adopción de la nueva ley, este número se redujo a la mitad. Hoy en día Portugal cuenta con una de las tasas más bajas de consumo de drogas en toda Europa.

La gente está saliendo de las drogas y desintoxicándose. El número de individuos registrados en rehabilitación ha aumentado de 6.000 en 1999 a más de 24.000 en 2008. El número de usuarios de heroína que se inyectan la droga ha disminuido del 45 % al 17 %. Las tasas de consumo por inyección son particularmente importantes cuando se trata de enfermedades relacionadas con las drogas. Los drogadictos ahora representan sólo el 20 por ciento de los casos de VIH en el país, una mejora significativa del 56 por ciento anterior.

Estos resultados se pueden explicar con economía básica. A medida que las personas obtienen ayuda para dejar el consumo de drogas, el número de usuarios, es decir, la demanda de drogas disminuye. Cuando la demanda disminuye, los traficantes de drogas encuentran que su empresa otrora lucrativa ya no da los frutos necesarios. Así que salen del mercado.

Redireccionando recursos

Esto explicaría por qué un estudio de 2010 en el British Journal of Criminology encontró que después de la discriminalización Portugal vio una significativa reducción de presuntos traficantes de droga encarcelados, de 14.000 en 2000 a 5.000 en 2010. De hecho, la proporción de personas en la cárcel por delitos cometidos mientras estaban bajo la influencia de drogas o para pagarse el hábito de droga cayeron de 41 por ciento en 1999 a 21 por ciento en 2008.

Portugal ha reorientado los recursos anteriormente asignados a arrestar y encarcelar a los consumidores de drogas, y no sólo ha frenado su problema con las drogas, sino que ha creado una sociedad más sana. Alex Steven, presidente de la Sociedad Internacional de Estudios sobre la Política de Drogas, dijo a la prensa que “la principal lección a aprender (es que) la despenalización de las drogas no conduce necesariamente a un desastre, Y libera recursos para respuestas más eficaces a los problemas relacionados con las drogas “.

Hay algo que aprender de tratar del consumo de drogas como una enfermedad física y mental. Consideremos los resultados de la política portuguesa frente al enfoque estadounidense. Mientras que las tasas de consumo de drogas, y de encarcelamientos y enfermedades derivados de las drogas de Portugal han disminuido, el consumo de drogas en los Estados Unidos ha permanecido relativamente sin cambios durante la última década. Cada año, 1,5 millones de personas son arrestadas por cargos relacionados con drogas, 80 por ciento por simple posesión. La mitad de todos los encarcelamientos federales están relacionados con las drogas.

Pocos argumentarían que el uso de drogas no es un problema. Sin lugar a dudas, el consumo de drogas presenta problemas para la salud pública y destruye muchas vidas. Pero al examinar la eficacia de las políticas anti-droga, el modelo estadounidense no es más que un fracaso completo. Es hora de mirar alternativas. Como lo ilustra el caso portugués, las llamadas políticas “radicales” pueden ser perfectamente razonables.

Este es el artículo original en Inglés

Portugal won the war on drugs by giving it up

For more than 100 years the United States has looked to prohibition to curtail the use of drugs. Proponents argue that by making substances like marijuana, cocaine and heroin illegal, government can significantly reduce drug-related crime, prevent addiction and stop the spread of drug-related disease.

The results have been less than impressive. In fact, Michael Botticelli, the director of the Office of National Drug Control Policy, said the War on Drugs has consisted of “failed policies and failed practices.”

Among alternative policies proposed to better achieve the stated goals are decriminalization of drugs—relaxed enforcement and penalties for drug offenses—and outright legalization of all drugs.

Yes, all of them.

The Legalization Guinea Pig

Today Portugal boasts one of the lowest drug-usage rates in all of Europe.

These options may sound counterproductive, but the data tell a different story. In 2001 Portugal shocked the world and voted to decriminalize all drugs in response to a growing heroin problem.

Things like drug trafficking remain illegal, but drug users are viewed as ill rather than criminal. Instead of immediate arrest and incarceration, people caught with less than a 10-day supply of hard drugs are taken before a special court of legal experts, psychologists and social workers. The goal is a health-focused solution to drug use, with an occasional small fine or community service.

Fifteen years later plentiful data tell a drastically different story from what many predicted. Drug use among 15- to 24-year-olds has decreased dramatically and drug-induced deaths dropped from 80 in 2001 to 16 in 2012. Before 2001 Portugal confined around 100,000 drug users. Within the first 10 years of the policy’s adoption, this number halved. Today Portugal boasts one of the lowest drug-usage rates in all of Europe.

People are leaving the drug market and seeking treatment. The number of individuals registered in rehab has risen from 6,000 in 1999 to more than 24,000 in 2008. The number of heroin users who inject the drug has decreased from 45 percent to 17 percent. Injection rates are particularly important when discussing drug-related disease. Drug addicts now account for only 20 percent of HIV cases in the country, a significant improvement from the previous 56 percent.

These results can be explained with basic economics. As people get help for their drug use, the number of users—that is, the demand for drugs—falls. When the demand falls, drug suppliers find that their once-lucrative enterprise no longer bears fruit. So they exit the market.

Redirecting Resources

There is something to learn from treating drug use as a physical and mental illness.

This would explain why a 2010 study in the British Journal of Criminology found that after decriminalization Portugal saw a significant reduction in the imprisonment of alleged drug dealers, from 14,000 in 2000 to 5,000 in 2010. In fact, the proportion of people in jail for crimes committed while under the influence of drugs or to feed a drug habit fell from 41 percent in 1999 to 21 percent in 2008.

By redirecting resources previously allocated to arresting and jailing drug users, Portugal has not only curbed its drug problem but has created a healthier society. When asked what the global community should take away from Portugal’s policy, Alex Steven, president of the International Society of the Study of Drug Policy, said, “The main lesson to learn (is that) decriminalizing drugs doesn’t necessarily lead to disaster, and it does free up resources for more effective responses to drug-related problems.”

There is something to learn from treating drug use as a physical and mental illness. Consider the results of the Portuguese policy versus the U.S. approach. While Portugal’s rates of use, incarceration and illness have all fallen, drug use in the United States has remained relatively unchanged for the past decade. Each year 1.5 million people are arrested on drug-related charges, 80 percent for mere possession. Half of all federal incarcerations are drug-related.

Few would argue that drug use isn’t a problem. Without a doubt, drug use presents problems for public health and destroys many lives. But when examining the efficacy of drug policies, the U.S. model is nothing short of a complete failure. It’s time to look at alternatives. As the Portuguese case illustrates, so-called “radical” policies may be perfectly reasonable.

https://fee.org/articles/portugal-won-the-war-on-drugs-by-giving-it-up/

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