Alberto Garzón (IU) pide que el Estado “rescate y nacionalice Abengoa”

Rescatar Abengoa es diferente a rescatar a las cajas ¿seguro?

Los comunistas de Podemos y adláteres gritan y vociferan contra el rescate de las cajas públicas, pero defienden a capa y espada, que se rescaten empresas privadas (Abengoa), en aras del interés de los trabajadores, dicen.

No parece tener mucho sentido defender a unos pocos trabajadores de alta cualificación y no querer defender a muchos miles de depositantes de las cajas de ahorro, que hubieran perdido todo su dinero por la nefasta gestión bancaria, que realizaron los políticos a cargo de éstas cajas de ahorro.

La Función de las Pérdidas Empresariales

Las pérdidas empresariales y las quiebras, son elementos claves en las sociedades capitalistas, sin ellos nos quedamos sin referencias de si estamos usando o no correctamente los recursos económicos, humanos, naturales, etc

Alberto Garzón (IU) pide que el Estado “rescate y nacionalice Abengoa”

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Esto es noticia porque la gente no tiene ni pajolera idea de la función social de los beneficios y de las PÉRDIDAS empresariales dentro de un sistema donde sea posible el cálculo económico.

Las pérdidas ponen de manifiesto que los bienes y/o servicios que produce la empresa tienen menos valor para los consumidores que los recursos que emplea para producirlos.

Si, para alimentarte, gastas más energía en cazar una pieza que la energía que te proporciona esa pieza al comerla, al final te mueres. Ha de existir alguna señal que informe a tu cerebro de lo que estás haciendo.

Las pérdidas empresariales son la señal del mercado para informar “que se está gastando más energía en producir que la energía producida”, (como enchufar un molino eólico a un generador de gasoil). Son la señal para detener la ruina y el despilfarro, y para transferir esos, siempre escasos factores de producción a otro empresario que los emplee de otra forma o en otros fines.

Por el contrario, los beneficios empresariales – conseguidos sin privilegios – son la señal de que se están satisfaciendo las necesidades más urgentes de los consumidores.

El problema es que políticos de todos los colores crean un asfixiante entorno regulatorio y fiscal intervencionista para favorecer a sus privilegiados socios empresariales …

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… limitando o anulando la libertad de contratación individual, manteniendo organizaciones zombies, aplicando -con el dinero de los demás- precipitadamente nuevas tecnologías sin que éstas hayan sido revalidadas por los consumidores, y/o impidiendo la rápida recolocación de esos factores de producción siempre escasos, (sobre todo el factor trabajo)  de aquellas empresas con pérdidas empresariales.

De ese modo, estos políticos colectivistas (los mismos que se quejaban del rescate a la banca), pretenden que el Estado se haga cargo de todo, porque – tal y como se lee en el titular- los trabajadores no son culpables de la mala gestión, (suponiendo que tengamos que tragarnos este móvil), como si los gobernantes fueran ejemplo de buena gestión empresarial (¡manda webos!; solo hay que ver la de los políticos en las cajas de ahorros en “hispanistán”). Y cómo si gestión burocrática fuera lo mismo que función empresarial*.

La organización social que pretenden implantar políticos colectivistas como Garzón o Pablo Iglesias, enmascara por un tiempo la causa del desastre a que conducen sus teorías cuando se llevan a la práctica, cargándose el sistema de precios y por tanto, el cálculo económico racional, impidiendo que la gente pueda planificar su propias vidas, ocultando el valor de las cosas (el valor relativo de los medios de producción) hasta que ya es demasiado tarde y se han cargado todos los procesos de creación de riqueza.


  • “Las actividades del empresario consisten en la toma de decisiones. Determina para qué propósito deberían emplearse los factores de producción. Cualesquiera otros actos que pueda realizar un empresario son meramente accidentales en su función empresarial. Eso es lo que la gente corriente normalmente no entiende. Confunde las actividades empresariales con la dirección de los asuntos tecnológicos y administrativos de una planta.

A sus ojos, ni los accionistas, ni los promotores y especuladores, sino los directivos y empleados contratados son los verdaderos empresarios. Los primeros son únicamente parásitos ociosos que se embolsan los dividendos. Nadie dice nunca que uno puede producir sin trabajar. Pero tampoco es posible producir sin bienes de capital, los factores previamente producidos de posterior producción. Estos bienes de capital son escasos, es decir, no bastan para la producción de todas las cosas que a uno le gustaría haber producido.

Aquí aparece el problema económico: emplearlos de tal manera que solo deberían producirse aquellos bienes que son apropiados para satisfacer las demandas más urgentes de los consumidores. Ningún bien debería permanecer sin producir debido al hecho de que los factores requeridos para su producción se utilizaron (desperdiciaron) para la producción de otro bien para el que la demanda del público sea menos intensa.

Lograr esto es bajo el capitalismo la función del empresario que determina la asignación de capital a las diversas ramas de la producción. Bajo el socialismo sería una función del Estado, el aparato social de coacción y opresión. El problema de si un directorio socialista, al faltarle todo método de cálculo económico, podría cumplir esta función no será objeto de este ensayo ” (Ludwig Von Mises)

 

 

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