Teoría de la Elección Pública: reflexiones de cara a las elecciones

Teoría de la Elección Pública: reflexiones de cara a las elecciones

La Teoría de la Elección Pública explica que los políticos no son exactamente ángeles caídos del cielo, sin mas interés que la defensa de los intereses de la ciudadanía. Al revés, los políticos tienen muchos mas intereses personales y de partido, que los ciudadanos y empresarios.

Ellos manejan a su antojo, sin apenas control, recursos y dinero que no es suyo y además, no tienen responsabilidad alguna sobre los resultados de sus acciones, si los resultados son catastróficos, como suelen ser la intervenciones políticas, a ellos apenas le afectará.

Teoría de la Elección Pública: reflexiones de cara al 20-D

Fernando Sicilia 18-12-2015

La teoría de la elección pública (TEP) aplica teorías y métodos económicos al análisis de los comportamientos políticos. La TEP ha revolucionado el estudio del proceso democrático de toma de decisiones. Varios insignes economistas desarrollaron este campo de especialización si bien el más destacado fue James M. Buchanan.

Buchanan descubrió que era posible la aplicación y la extensión de la teoría económica a las medidas políticas y gubernamentales. Encontró además que era viable ampliar esa hipótesis a las decisiones de los ciudadanos para elegir entre las diversas opciones políticas. Estos trabajos le valieron el premio Nobel de economía en 1986.

Buchanan definió la TEP como la política sin romance. El pensamiento bienintencionado predominante presupone que los participantes en la esfera política aspiran a promover el interés general. Los oficiales públicos son vistos como benevolentes servidores que llevan a cabo fielmente la voluntad del pueblo. Este es un planteamiento totalmente ingenuo: el político, por el mero hecho de serlo, es muy bueno y los empresarios, por ejemplo, son pérfidos. De todo habrá en ambos grupos…

Motivaciones políticas

La realidad es que las motivaciones de las personas que están en política no difieren de quien opera en cualquier otro mercado. Al igual que los votantes eligen los partidos y candidatos que consideran les permitirán mejorar su situación, los burócratas persiguen mejorar su carrera profesional y los políticos ganar elecciones o ser reelegidos. En otras palabras, la TEP transfiere el modelo de actor racional de la teoría económica al ámbito político.

La primera idea que se infiere de este análisis es que el individuo se convierte en la unidad fundamental de análisis. Términos como el pueblo, la comunidad, la sociedad, devienen en fútiles. Los grupos no toman decisiones, sólo las personas lo hacen. Por lo tanto hay que analizar las diversas y con frecuencia antagónicas decisiones basadas en el propio interés individual, y ver cómo confluyen en una decisión colectiva.

Por otro lado, las elecciones públicas y privadas difieren, no por las distintas motivaciones de los agentes, sino por la absoluta divergencia de incentivos y limitaciones que canalizan la consecución del propio interés en ambos escenarios.

En el ámbito privado, el individuo toma una decisión racional eligiendo entre varias alternativas sobre la base de sus circunstancias personales, y recoge todo el coste y beneficio de su elección.

Colectividad

Sin embargo, el político toma decisiones que afectan a la colectividad y no está garantizado que todos los individuos se beneficiarán de las mismas. Así el grupo favorecido apoyará la medida y verá con buenos ojos que toda la comunidad sufrague el gasto, aunque muchos de los pagadores no reciban ninguna mejora a cambio. Estos últimos votarán en contra de la medida. Si son minoría, se verán forzados a pagar por ella en cualquier caso.

Por lo tanto, y dado que la regla de votación no requiere unanimidad ni contempla derecho de veto, el proceso de toma de decisiones colectivas puede permitir a la mayoría imponer sus preferencias a la minoría.

Como siento debilidad por la filosofía objetivista de Ayn Rand permítaseme citar aquí una de sus frases más célebres: “La minoría más pequeña del mundo es el individuo. Aquellos que niegan los derechos individuales no pueden pretender además ser defensores de las minorías.”

La TEP ha comprobado también que las votaciones entre tres o más candidatos pude llevar a error en la selección del resultado preferido por la mayoría. Este escenario se parece mucho al que tenemos actualmente en España, con cuatro partidos en condiciones de obtener un estimable número de votos.

Ignorancia racional del votante

Otro concepto interesante es lo que la TEP define como ignorancia racional de los votantes. El acto de votar es irracional en si mismo dado que la probabilidad de que el voto de un individuo determine unas elecciones es abismalmente pequeña. Por lo tanto, el beneficio de votar tiende a ser inferior al coste de hacerlo.

De hecho el votante suele estar desinformado debido a que el coste que implica reunir información sobre las elecciones es muy superior al beneficio de votar. ¿Para qué perder el tiempo documentándose si el voto individual tienen una ínfima probabilidad de ser decisivo? Esta situación provoca que la gente vote sencillamente para expresar sus preferencias (voto low-cost), de forma similar a como apoyan a su equipo de fútbol favorito.

La mayoría de las decisiones políticas no las toman los ciudadanos, sino los políticos elegidos para representarles en las asambleas legislativas. En muchos casos, y dado el carácter regional de la política, nuestros representantes toman decisiones que benefician a su comunidad, por el estímulo de contentar a sus votantes. No les importa que la medida sea catastrófica a nivel nacional, aunque todos los contribuyentes se vean obligados a financiarla.

Lobbies

Por otro lado, también se da el caso de que los lobbies, grupos pequeños y homogéneos con fuertes intereses en la comunidad tiendan a ser más efectivos en la presión y el apoyo a los políticos. Les resulta más fácil y más barato organizarse que a grupos grandes cuyos intereses son más difusos. Aquellos colectivos acaban obteniendo prebendas que les favorecen en detrimento de la sociedad en su conjunto. Los políticos, guiados por el deseo de ser re-elegidos tienen fuertes alicientes para responder a la demanda de estos pequeños grupos organizados. Se produce una tiranía de la minoría, efecto que tampoco es deseable.

Por otro lado, los burócratas de carrera se benefician de su mayor información y experiencia en la Administración para tomar ventaja de los inexpertos legisladores, extrayendo el mayor presupuesto posible para sus departamentos y afianzando de este modo sus planes de carrera.

En resumen, cambiar la identidad de las personas que dirijan la cosa pública no producirá grandes mejoras en el resultado. Elegir mejores personas no llevará por sí mismo a mejores gobiernos. Todos los individuos, votantes, políticos o burócratas actúan motivados más por su propio interés que por el interés público.

Incentivos

Los seres humanos no somos ángeles, motivo por el cual debemos poner en foco en la importancia de las reglas institucionales que limiten la persecución del propio interés por parte de los cargos públicos.

La palabra clave es incentivo. El político en campaña electoral prometerá todo lo que se le ocurra para ser elegido. Una vez en el cargo, se olvidará de sus compromisos y tomará las decisiones que sean necesarias para mantenerse en el poder.

Me gustaría acabar con una frase del gran Adam Smith en su obra maestra, “La Riqueza de las Naciones”, uno de los libros más importantes de la historia de la Economía: “No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés”.

 

http://inbestia.com/analisis/teoria-de-la-eleccion-publica-reflexiones-de-cara-al-20-d

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